Todavía hoy me arrepiento de lo que les
voy a contar. Aunque han pasado años, reconozco que fui y quien yo la cagó.
Aunque estaba viviendo en un paraíso terrenal con dos bellezas a mi
disposición, debido a la facilidad con la que bajaba mi bragueta, lo eché todo
a perder.
Por el aquel entonces y quizás por mi
juventud, no me di cuenta que, para Manuela y Laura, éramos una peculiar
familia. Nuestra relación era importante y por eso fueron capaces de perdonar
mi desliz y me alejaron de su lado.
Reconozco que fui un idiota, un
niñato que al tener un nuevo culo al que echar mano, me olvidé de lo que tenía
en casa. De haber recapacitado antes, nunca me hubiera dejado llevar por mi
lujuria.
El triste desenlace de nuestra
efímera unión se produjo a raíz de una fiesta con la que mis dos amantes
quisieron celebrar mi cumpleaños….
El inicio del fin.
Buceando en mis recuerdos, no me
puedo creer lo idiota que fui. El sábado anterior a mi décimo noveno cumpleaños
estaba todavía dormido cuando una mano recorriendo mi cuerpo me despertó. No
tuve que abrir los ojos para saber que la dueña de esos dedos que me
acariciaban era mi madrina. La seguridad con la que iban bajando por mi pecho
me reveló que era Manuela la que se había despertado.
“¡Dios como me gusta!”, pensé abriendo
los ojos para descubrir que no me había equivocado y que era la morena quien me
tocaba.
Mi Madrina al advertir que estaba
despierto, incrementó sus caricias mientras me decía:
-Estoy cachonda.
Antes de que pudiera decir nada, se
agachó entre mis piernas y comenzó a besarme con mayor énfasis. Les
juro que creí estar en el cielo cuando abriendo sus labios, se puso a recorrer
mi polla con su lengua. A base de profundos lametazos, elevó mi extensión hasta
límites insospechados.
-Necesito culiar- me dijo mientras
una de sus manos agarraba mi pene con fuerza y con la otra me acariciaba
los testículos.
La puta de mi Madrina sonrió al ver
que había conseguido mi atención y poniendo cara de zorrón, empezó a besarlo
sin dejar de masturbarme lentamente. Haciéndose de rogar, jugueteó con mi
miembro sin introducírselo en la boca. Era tanta mi urgencia por sentir sus
labios que no pude evitar decirle:
-Cómetela.
-Tranquilo cariño- respondió dando
otro lametón.
Mi erección era de campeonato. Todo
mi ser anhelaba que esa mujer usara su boca y se metiera mi pene hasta el fondo
de su garganta, pero ella desoyendo mi súplica, siguió jugando con mi
miembro sin llegárselo a introducir.
-No seas cabrona. ¡Hazlo ya!
Al escuchar mi ruego, abrió sus
labios y se la metió en la boca. El ritmo lento de su mamada buscó el
incrementar mi excitación. Haciendo breves pausas, levantaba su mirada para que
fuera yo quien le pidiera que continuara.
-Lo necesito- imploré al sentir que
afianzando su dominio sobre mí, esa zorra abriendo su boca, se había
olvidado de mi polla y se había centrado en mis huevos.
Disfrutando de mi entrega y sin dejar
de masturbarme, se metió en la boca mis cojones. Una vez los había dejado bien
impregnados de su saliva, me preguntó sino prefería que parara y nos fuéramos a
correr por el Retiro.
-No me jodas- le solté y
cogiendo su melena, llevé su cabeza contra mi pene.
Muerta de risa, permitió que toda mi
extensión se encajara en su boca y disfrutando de su poder, dejó que su
garganta la absorbiese por entero antes de empezar a sacar y a meter mi verga
de su interior. Creí morir al advertir el modo con el que su boca la acogió con
mimo y confieso que estuve a punto de correrme cuando ella incrementó la
velocidad con la que me estaba realizando la mamada.
-¿Te gusta cómo te la mamo? ¡Ahijadito!-
preguntó con su voz claramente excitada.
-Sí, mi querida y zorrísima Madrina.
Mi insulto lejos de molestarla, la
excitó y con los ojos inyectados de deseo, me soltó:
-Tranquilízate mientras despierto a
Laura.
Aunque en un principio me encabronó
el que no terminara la mamada, en cuanto la vi empezar a acariciar a la rubia
que dormía a nuestro lado, se me pasó el enfado y me puse a observarla.
-¿Verdad que tiene unas tetas
impresionantes?- me preguntó mientras sin esperar a que nuestra amante se
despertara, metió uno de sus pezones en la boca.
La forma tan sensual con al que
recorrió su areola, me hizo reaccionar y pidiéndola permiso me uní a ella
acariciando el otro pecho mientras mis dedos se acercaban lentamente hasta el
sexo de nuestra inerte víctima. Supe que se había despertado en cuanto
separando sus rodillas dio vía libre a mis caricias. Al saberla consciente, Manuela
pellizcó los pezones de Laura mientras le susurraba que era una puerca.
La rubia suspiró al notar la acción de los dedos de la morena sobre sus
areolas y abriendo sus ojos, gimió de deseo. Fue entonces cuando mi Madrina
reinició su ataque separándome y agachándose entre sus piernas.
-Abre tus piernas, puta- le dijo.
-Quiero que el cerdo de mi sobrino disfrute de cómo devoro tu coño.
Supe que la rubia se estaba excitando
por momentos, al observar tanto sus pezones erectos como la humedad que estaba
haciendo aparición en su sexo. Manuela al notarlo le obligó a separar aún más
las rodillas y sacando la lengua empezó a recorrer sus pliegues.
-Ahhh- suspiró nuestra amante ya
totalmente despierta.
Mi Madrina aceleró las caricias
mientras torturaba los pezones con sus dedos. Laura, entregada a la lujuria
apretaba sus manos mientras su jefa metia dos dedos en el interior de su
coño.
-¿Te gusta?, gatita- masculló al
comprobar que la vulva de la mujer aceptaba con facilidad sus dos dedos.
-¡Mucho!- berreó totalmente
dispuesta.
Manuela al oírla, se acomodó sobre la
cama y sacando la lengua se puso a disfrutar de su coño. La nueva postura de la
hermana de mi madre puso su culo a mi disposición y sin espera a que me pidiera
que la tomara, acerqué mi miembro hasta su entrada. Manuela al sentir mi glande
acariciando su vulva, gimió de deseo y sin dejar de lamer el sexo de su amada,
me pidió que la culiara.
Sin que me lo tuviera que repetir,
fui metiendo mi tranca en su interior mientras ella daba buena cuenta del coño
de la rubia.
-¡Me encanta mi amor!- gritó al
experimentar mi intrusión.
El chillido de mi Madrina, curiosamente
excitó a Laura y presionando con sus manos la cabeza de su jefa, forzó su
mamada. Manuela al notarlo se concentró en el clítoris de la rubia mientras yo
empezaba a culiarmela. Conociendo de antemano la voracidad de mi Madrina en el
sexo y aunque su coño rezumaba de flujo, decidí incrementar su morbo diciendo:
-Muévete o tendré que buscarme a
otra- mientras le daba un sonoro azote.
Mi ruda caricia le sirvió de aliciente
e incrementando la velocidad de sus caderas, me rogó que la tomara. Usando mi verga
como un albañil usa una maza, demolí sus defensas con fieras penetraciones. Mi
nuevo ímpetu provocó que Manuela disfrutara siendo poseída por un hombre
mientras se comía el chocho de una mujer. Su doble función elevó la maxima de
su excitación y pegando un bufido, gritó:
-¡Me meoooooooooooooooooh!
Su entrega fue la gota que derramó el
vaso de la rubia, la cual, uniéndose a su jefa, sintió que su cuerpo se
incendiaba y dando otro berrido, se derramó en la boca de su ama. Dejándome
llevar, permití que mi pene sembrara de blanca simiente la vagina de mi Madrina.
Agotados nos tumbamos y con nuestras
piernas entrelazadas, nos quedamos descansando durante unos minutos. La
tranquila belleza de ese momento quedó hecha trizas cuando de pronto Laura se
levantó y con cara desencajada, salió corriendo al baño.
-¿Qué le pasa?- pregunté al escuchar
que vomitaba.
-Mejor que te lo diga ella- sonrió mi
Madrina sin llegarme a contestar.
Su enigmática respuesta me puso los
pelos de punta al comprender que el motivo de su indisposición matutina bien
podía ser un embarazo. Mis peores augurios se vieron confirmados a su vuelta,
porque al insistir y con una sonrisa en los labios, me dijo:
-Felicidades, papá.
La alegría con la que acogieron las
dos mujeres la noticia contrastó con el susto que heló mi sangre. Con casi
treinta años, ellas vieron natural e incluso deseable ese embarazo pero para
mí, resultaba un bombazo de consecuencias imprevisibles.
-¿Cómo ha pasado?- pregunté todavía
alelado.
Tras soltar una carcajada, mi Madrina
contestó:
-¡Cogiendo!- las risas de ambas solo
consiguieron humillarme. Mi pregunta era retórica, lo que realmente quería
decir era por qué no habían tomado precauciones.
“No puedo ser padre tan joven”, pensé
realmente acojonado, “¡Qué coño voy a hacer!”
No estaba preparado para asumir esa
responsabilidad pero disimulando mi terror, me acerqué a Laura y dándole un
beso cariñoso, le dije:
-Vas a ser una madre preciosa.
La rubia sonriendo y sin ser
consciente de mi angustia, contestó mientras se tocaba con genuina felicidad su
panza:
-Espero que salga tan guapo como el
padre.
Les juro que en ese momento lo que
realmente me apetecía era salir corriendo pero sin hacer patente mis verdaderos
pensamientos, bromeando respondí:
-Ahora solo falta que mi Madrina
también se embarace y que su hijo juegue con el tuyo.
-Ojala sea verdad- soltó la comadre
de mi madre envidiando el estado de nuestra amante.- No quiero ser una madre
vieja.
Fue entonces cuando por primera vez
caí en la cuenta de la diferencia de edad entre nosotros. Mientras ellas eran
dos mujeres con su futuro y sus carreras encarriladas, yo era un puñetero crio
recién salido de la adolescencia. Para terminarme de asustar, Manuela pasó su
mano por mi entrepierna diciendo:
-Cariño, ¿Estás listo para intentar
preñar a la puta de tu Madrina?
Para que tengan una idea de mis
nervios basta que osreconozca que le resultó imposible hacer que se me parara
la verga y eso que Laura acudió en su ayuda y entre las dos lo intentaron. Fue
tanta su insistencia que al final las dos policías lo único que consiguieron
fue ponerse ellas cachondas. Mi impotencia lejos de enfadarlas, las puso de
buen humor y tomándome el pelo, la rubia me preguntó muerta de risa:
-¿Necesitas que vayamos a comprarte
una caja de viagra?
-Vete a la mierda- respondí….
La actitud de las
dos cambia cuando hacemos el amor.
Esa noche aunque seguía sin digerir
la noticia al menos estaba más tranquilo. Me sentia como el reo al que acaban
de condenar a muerte y sabiendo que no podía hacer nada por cambiar la sentencia,
al menos se consolaba con el tiempo que le quedaba de vida. En claro contraste,
mi Madrina y su amiga estaban felices y por eso decidieron que esa noche
saldríamos a celebrarlo.
Sin quejarme accedí a acompañarlas
aunque lo que realmente me apetecía era quedarme a llorar mi desgracia. Tal y
como preví, la cena fue un martirio. Manuela y Laura se pasaron haciendo planes
sobre lo que harían cuando naciera el bebé. Dejándome a un lado, parecía que
ambas fueran a ser las madres del niño. Entre ellas, eligieron el nombre, el
hospital donde nacería e incluso el color con el que pintarían la habitación de
invitados.
“!Hay que joderse!”, mascullé entre
dientes al oírlas.
La alegría de ambas era tal que
llegaron a contagiarme con ella, pero cuando empezaron a plantearse a que
colegio pensaban llevarlo, decidí que bastaba y les dije:
-¿No se están adelantando mucho?
¡Faltan años para que tomemos esa decisión!
Como dos lobas cayeron sobre mí
quejándose de mi actitud. No comprendían por qué les decía eso, la educación de
un niño era un tema muy importante y tenían que estar seguras de su elección.
Su rotunda reacción provocó mi retirada y sin intervenir más en la charla,
deseé que terminara la puñetera cena. Mi total derrota llegó cuando a los
postres, oí a mi Madrina decir:
-Me parece increíble que vayamos a
ser una familia. ¿Quién me iba a decir que al fin encontraría la felicidad con
mi ahijado y mi mejor amiga?
-Yo, al menos nunca me lo hubiese
planteado- contestó la rubia- pero pienso igual. Estoy encantada siendo su
mujer.
Al ver que esperaban que expusiera
mis sentimientos, levantando mi copa, les dije:
-Quiero brindar por ustedes
y por nuestros futuros hijos.
Nunca supuse que mi brindis supusiera
tanto para mi Madrina. Sobre reaccionando a mis palabras y con lágrimas en los
ojos, me soltó:
-Te amo y quiero tener un hijo
contigo.
Esa confesión por parte de Manuela me
dejó helado y pensé por vez primera en cómo les informaríamos a mis padres de
nuestra amoral e incestuosa relación. Sabiendo que iban a poner el grito
en el cielo cuando se enteraran de que había dejado embarazada a Laura, no me
imaginaba lo que dirían cuando supieran que mi Madrina y yo éramos amantes.
-¡Nos van a matar en cuanto se
enteren!- exclamé en voz alta sin darme cuenta.
Mi Madrina comprendió a lo que me
refería y cogiéndome de la mano, me susurró:
-Déjame eso a mí. Mi hermana es muy
moderna y comprenderá lo nuestro.
“Lo dudo”, en silencio, pensé pero no
dije nada porque en ese instante llegó el camarero con la cuenta.
Ya en el coche, no tuve ganas de
reiniciar la conversación y por eso me mantuve callado, mientras las dos
mujeres decidían el que hacer:
-¿Nos vamos de copas?- preguntó Manuela.
Fue entonces cuando poniendo un
puchero, Laura le recordó que ella no podía beber por su estado.
-Tienes razón. Vamos a casa-
sentenció mi Madrina, dando un beso a nuestra amante.
Nada más entrar en casa, mis
dos mujeres me llevaron a empujones hasta la cama. Bromeando de buen humor, me
dijeron que pensaban dejarme seco esa noche. Sabiendo que debía de seguir sus
instrucciones, dejé que me tumbaran sobre las sábanas y como si fuera algo
pactado, las vi desaparecer juntas hacía el baño. Al cabo de un rato y
cuando ya estaba desesperado por la espera, las vi aparecer desnudas por la
puerta. Les juro que me quedé sin aliento al comprobar que no sabía cuál era
más atractiva, si la rubia y traviesa Laura o la erótica y sensual Manuela.
Como tantas noches esperé que se
reunieran conmigo. Con los tres en el colchón, mi Madrina me besó mientras su
pubis contra mi sexo. Queriendo compartir también con la rubia, la besé uniendo
sus labios a los nuestros. Olvidándome de todo, acerqué mi lengua a los
pechos casi juveniles de Laura y jugueteé con su pezón mientras imitándome
cogió el otro seno entre sus manos y metiéndoselo entre los dientes, lo
mordisqueó suavemente. Nuestra amante al sentir la doble estimulación sollozó
de deseo diciendo:
-Soy suya.
Mi Madrina al oírla, nos dio sus
propios pechos como ofrenda. La belleza de sus negras aureolas nos llevó a mamar
de ellas sin esperar más instrucciones.. El gemido de placer que salió de su
garganta, nos indujo a profundizar en las caricias.
-Tómame- rogó separando sus rodillas.
La excitación de la mujer me terminó
de convencer y acercando mi macana a su excitado orificio, me puse a
jugar con su clítoris mientras le decía a nuestra amante que se ocupara de sus
pechos. Manuela, con su cuerpo hirviendo de lujuria, me repitió que la tomara.
La expresión de puta de su cara terminó con mis reparos y ya convencido, fui
introduciendo mi extensión en su interior.
Mi Madrina molesta por la lentitud
con la que iba rellenando su conducto, por su virginidad perdida pero,
reponiéndose rápidamente, violentó mi penetración con un movimiento de sus
caderas. La humedad que envolvía mi verga facilitó mis maniobras y casi sin
oposición la cabeza de mi sexo chocó contra la pared de su vagina. Manuela al
sentirlo se corrió de inmediato y sin cortarse, me imploró que le siguiera
haciendo el amor.
Laura, tan excitada como ella, se
tumbó y llevando mi mano hasta su sexo, me rogó que la masturbara. Manuela al
oírlo y no queriendo que nada me perturbara mientras la follaba, llevó sus
dedos hasta el coño de la rubia y con una velocidad endiablada, torturó con
ellos el clítoris de nuestra amante. Al observarlo, incrementé al máximo
el ritmo de mis embestidas.
-¡Dios! ¡Cómo me gusta!- gritó mi Madrina.
Su entrega fue la gota que derramó mi
vaso y sin poder rechazar el placer que me dominaba, me corrí sembrando con mi
simiente el interior de ella. La comadre de mi madre, al sentir que estaba
eyaculando, nuevamente entre gritos, se vacio diciendo:
-¡Quiero que me hagas un hijo!
Agotado por el esfuerzo, me tumbé en
la cama. Al verme, Laura que estaba como una moto, aprovechó mi postura
para acercar su sexo a mi cara. El olor a hembra hambrienta me cautivó y ya sin
hacerme de rogar sacando la lengua, jugueteé con sus pliegues mientras me
reponía. La rubia gimió al sentirlo y agachándose sobre mi cuerpo, usó su boca
para hacer reaccionar a mi semicaído pene. Disfrutando de su calentura,
mordí su clítoris mientras le daba un azote.
-Ayúdame a levantarlo.
Manuela ya repuesta, se incorporó y
acudió en su auxilio. Al notar que eran dos bocas las que alternativamente se
engullían mi pene, me dio tanto morbo que actuando como un resorte, fue lo
único que para erguirse a su máxima expresión.
La rubia, viendo que estaba ya
preparado, le pidió con una sonrisa a mi Madrina que lo usara:
-¿Y tú?- preguntó Manuela pensando
que era el turno de Laura, se negó en un principio pero viendo su
tozudez, cogiendo mi extensión entre sus manos, fue lentamente empalándose sin
dejar de gemir.
La rubia viendo que su jefa estaba
disfrutando, aprovechó para acercarse y poniendo sus pechos en mi boca, me dio
de mamar. Nuevamente excitado, mamé de sus tetas mientras mi pene seguía
campando por el sexo de la morena. La lujuria acumulada en mi cuerpo me dominó
e incorporándome sin sacársela, le clavé repetidamente mi estoque hasta lo más
profundo de su cuerpo. Manuela se vio desbordada por el placer y soltando un
grito, se vino por otra vez cayendo, con grandes gritos. Su orgasmo me
indujo a aumentar el ritmo de mis estocadas.
Para entonces, Laura hervía de deseo
y en vez de pedirme que la tomara, cogió un consolador y se lo metió hasta el
fondo de su vagina mientras chillaba:
-¡Dale un hermano a mi hijo!
Su grito hizo que levantara la
mirada. Al verla despatarrada con ese aparato incrustado, me dejé llevar
y bañe con mi semen la vagina de mi Madrina. Agotado por el esfuerzo, caí sobre
la cama mientras mi mente se quejaba del lio en el que me estaba metiendo.
“Cuando se entere mi padre de
lo que he hecho, me va a matar”.
Por un error,
mando todo a la mierda.
Sé que fue culpa mía pero también me
costa el que de alguna forma, ellas en cierta manera fueron responsables de mi
error. Viendo que estaba nervioso e irritable por el hecho de ser padre, se les
ocurrió hacer una fiesta para celebrar mi cumpleaños y aprovechar a decirles a
sus conocidos que Laura estaba embarazada.
A mí, la verdad es que no me hizo ni
puta gracia la idea. Aunque en teoría yo era el homenajeado, en realidad iban a
usar mi presencia para acabar con los rumores que corrían en la comisaria sobre
su lesbianismo. Para ellas era más fácil de explicar que la rubia se había
conseguido un yogurin a informarles que en realidad éramos un trio.
Esa noche y siguiendo el plan
elaborado al pie de la letra, Laura me presentó a sus conocidos diciendo que yo
era su novio. La reacción de los presentes fue diferente dependiendo de su
sexo. Mientras los hombres se mostraron escandalizados que anduviera con un
crio de diecinueve años recién cumplidos, sus compañeras se quedaron alucinadas
por su suerte. Mi Madrina por su parte, se mantuvo en un segundo plano,
actuando como anfitriona sin dejar que nadie se imaginara que además de la casa
también compartía conmigo la cama.
En un momento dado en el que Laura
estaba con dos de sus amigas, me acerqué a preguntarle si quería algo:
-Sabes que no puedo- respondió
tocándose la barriga.
Las dos mujeres se quedaron
alucinadas y Aleja, la mas valiente, se atrevió a preguntar:
-¿Estás embarazada?
Luciendo la mejor de sus sonrisas,
contestó:
-Sí- y recalcando su alegría, les
soltó: -Jorge, además de estar bueno, es una fiera. El no haber salido de su
cama ha tenido consecuencias.
Totalmente cortado, me excusé y fui
por una copa, mientras sentía las miradas de sus amigas clavadas en mi cuerpo.
Todavía no me había alejado de ellas, cuando oí a la tal Aleja decir:
-No me extraña, teniendo a ese
bombón, yo tampoco saldría de la cama.
Su burrada provocó la risa de todos
los presente y mordiéndome un huevo, me bebí la copa de un golpe. Apoyado
en la barra y durante más de tres horas tuve que soportar poniendo una
sonrisa, las anécdotas de la comisaria. Laura con su papel totalmente
asumido, se comportó como una novia enamorada mientras sus compañeros no daban
crédito a su transformación.
Eran más de las dos de la madrugada,
cuando con más copas de las necesarias, fui hacia el baño sin percatarme que
tras de mí, Aleja me seguía. Estaba a punto de entrar cuando me topé con
ella.
-¿Quieres algo?
Antes de que me diera cuenta y sin
cortarse por el hecho de que fuera el novio de Laura, se metió conmigo en el
aseo.
-¿Qué haces?- pregunté al verla
agacharse y desabrocharme el pantalón.
-Ver si eres tan bueno como dice-
respondió metiéndose de golpe mi pene en la garganta.
Con mi juicio nublado por el alcohol
y azuzado por el morbo, la levanté y girándola, la pegué contra las baldosas
del baño mientras le decía:
-Te equivocas zorra. Una puta como tú
esta para ser usada- y sin pedirle su opinión, le levanté la falda.
Ese putón al ver mi violencia, se
quedó paralizada y tras bajarle sus bragas, la penetré salvajemente. La mujer
consiguió retener el grito al sentir su interior horadado por mi miembro. Si
creyó que le resultaría fácil abusar de un joven, se equivocó y en contra de lo
que había venido a buscar, se vio poseída con brutalidad.
-¡No eres más que una zorra!- le
solté acelerando el ritmo de mis incursiones.
El modo tan brutal con el que la
traté, en vez de repelerla, la excitó y berreando como en celo, me gritó
que no parara. No hacía falta que me lo pidiera porque necesitaba
liberar mi tensión. Acuchillando repetidamente su interior con mi miembro,
conseguí que esa puta se corriera. Abundando en su vergüenza, usé su culo como
tambor y siguiendo el compás de mis incursiones, le di repetidos azotes
hasta que exploté en su interior.
Ya satisfecho, me puse a mear y al
terminar le exigí que me lo limpiara con su lengua. Aunque nadie la había
tratado nunca así, resultó que le gustó y obedeciéndome cual servil sumisa, se
arrodilló y se introdujo mi miembro en su boca.
-Dame tu teléfono- le pedí tras
haberle bajado los humos.
La mujer me lo dio sin rechistar y encantado,
salí del baño. Desgraciadamente para mí, mi Madrina nos pilló saliendo y con
los ojos, me llamó a su lado. En mi juvenil inconsciencia, no adiviné la que se
me venía encima. Furiosa me llevó a nuestra habitación y allí me exigió que le
contara lo sucedido.
Hoy en día, sé que “antes muerto que
confeso” pero entonces me pareció gracioso explicarle lo que había sucedido.
Reteniendo su ira, me soltó:
-Pensaba que eras diferente, pero
eres un cerdo como los demás.
Para no haceros el cuento largo y
ahorraros las lindezas que salieron de su boca, solo deciros que llamó a Laura
y entre las dos hicieron mi maleta. Por mucho que intenté pedirlas perdón,
mostrando mi arrepentimiento, esa noche me echaron de su casa y no me quedó más
remedio que volver con mis padres.
Durante semanas intenté que me perdonaran,
pero ni siquiera se dignaron a responder el teléfono y fue al cabo de varios
meses, cuando durante una fiesta familiar, llegó con Laura y presentándosela a
mis viejos como su novia, les informó que ambas estaban embarazadas.
Me creí morir e hice un último
intento, pero Manuela me dijo:
-Hemos decidido perdonarte ya que tú
no eres como los demás hombres; aunque hayas culiado con otra entendemos que
fue por los tragos o asi lo queremos ver, antes de irnos tienes que decidirte
si te quedas o vuelves con nosotras y tus hijos.
Actualmente, seguimos viviendo juntos.
Mis hijos tienen diez años y nadie en la familia sabe que en realidad son hijos
míos. Aunque pensándolo bien, quizás mi madre sospeche algo porque no
para de decirme “lo mucho que se parecen a mí”.